lunes, 31 de enero de 2011

Decisiones

¿Blanco o negro? ¿Decir sí o no? ¿Quedarse o estar de paso?

Repiqueteas el bolígrafo contra el cuaderno sin ser capaz de concentrarte. Sabes que te has metido en algo que va más allá de lo que puedas entender y no sabes que elegir. Te dejas llevar de vuelta al pasado y te das cuenta de que hace dos días estabas metida en otro dilema moral que (en ese momento) era todo tu mundo.

Dejas el bolígrafo encima de la mesa y te levantas de tu escritorio dejando el libro de historia abierto. Deberías estar estudiando, pero las monarquías españolas no es algo que te interese mucho en ese momento (y nunca, tienes que reconocerlo). Sales de casa y le dices a tu madre que volverás pronto, que vas a despejarte un poco porque llevas toda la tarde estudiando. Mentira, llevas toda la tarde pensando en algo que (probablemente) dentro de una semana te va a parecer una gilipollez.

Te sientas en el columpio de ese parque solitario al que solo van algunos niños a jugar al fútbol. El movimiento te relaja y te dejas llevar. Piensas que así encontrarás una solución a ese problema que (lo dicho antes) será una gilipollez a día de mañana. Pobre ilusa, por muy pequeña que sea esa duda, siempre habrá peros que te hagan la vida imposible. Suspiras con frustración. Como te suele pasar, el vaivén del columpio no te ha dado la solución y se te ha hecho tarde. Vuelves a casa a paso tranquilo y con las manos vacías. No tienes una respuesta al problema por el que llevas bloqueada toda la tarde, pero después de dos horas con la mirada perdida en tus pies balanceándose te das cuenta de que es una tontería. Con lo paranoica que eres mañana te levantarás con otro dilema diferente.

Sonríes al entrar a casa, es invierno y en la calle hace frío, además tienes hambre y tu padre te está haciendo la cena. Vuelves a tu cuarto y dejas la historia a un lado, total, ya es tarde y no vas a estudiar nada. Te acuestas ya sabiendo la decisión que tomar para ese pequeño (pero ahora grande) dilema. Y sonríes, porque sea lo que sea que hayas decidido, sabes que no te vas a arrepentir. Después de tanto pensar nunca te arrepientes.

Y sueñas y por la mañana te levantas con un problema resuelto y una idea que se convertirá en otro problema. Solo es cuestión de tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario